Este domingo 27 de julio se revive en Los Realejos la tradición que, desde mediados del siglo XVIII, le une al municipio vecino de Puerto de la Cruz en su fervor compartido por la imagen de Nuestra Señora del Carmen, “esa jornada extraordinaria en la que prestamos la venerada talla realejera a los marinos portuenses para que la paseen por nuestras calles”, informa el alcalde de Los Realejos, Adolfo González.
Desde el Santuario de Nuestra Señora del Carmen se iniciará a las 19:00 horas el rezo del Rosario, pasando a las 19:30 horas a dar comienzo con la celebración eucarística, en la que el grupo Tigaray interpretará la misa canaria. A su término, los hombres de la mar de la vecina ciudad turística atravesarán la puerta principal del templo para dirigirse a los varales que descansarán sobre sus hombros, en los que la considerada Patrona del Valle de La Orotava procesionará como entre olas a su paso por las calles del entorno de San Agustín.
“Los registros históricos apuntan a que mediados del siglo XVIII sólo se había fallado a esta cita en el año 1812 por culpa de una epidemia que afectó a la comarca norte de la isla de Tenerife, episodios de ausencia que no se habían repetido los recientes años 2020 y 2021, condicionados por la pandemia, y 2022 por un incendio que afectó a varias localidades del Norte de la isla, entre ellas Los Realejos, por lo que en 2023 se retomaba esta jornada especial en su máximo esplendor y con ansias volvemos a aguardar la llegada de una nueva edición este domingo 27 de julio”, detalla el edil.
“Se trata ésta de una tradición sin parangón, una cita extraordinaria con una particular circunstancia de unir a dos pueblos en torno a una devoción compartida por una misma imagen, en este caso la de Nuestra Señora del Carmen de Los Realejos, un hecho etnográfico y cultural sin parangón”, agrega Adolfo González.
Un año más los medios de comunicación locales, provinciales y regionales vuelven a hacerse eco de esta festividad tanto desde sus jornadas previas como en coberturas especiales durante la cita de este domingo, en que se prevé que las calles del entorno de San Agustín vuelvan a ser un hervidero de gentes venidas de todos los rincones de la isla, pues trasciende la expectación de estos dos municipios más allá de ellos, queriendo ser testigos de una de las procesiones más peculiares de cuantas se celebran en nuestro archipiélago, la de la Octava del Carmen, en la que son los devotos de un municipio los que llevan en procesión a una de las imágenes de referencia de otra localidad.

Anecdotario de una tradición de dos pueblos
Según el investigador portuense José Javier Hernández, “cuando se acerca la celebración de la Octava de Nuestra Señora del Carmen, siempre a continuación de las fiestas patronales del Puerto de la Cruz, estas personas, de oficios diferentes pero relacionados todos ellos con la mar o la comercialización de sus productos, se pasa aviso en sus lugares habituales de reunión o de trabajo para quedar, de esta forma, citados en Los Realejos la tarde en que tiene lugar la procesión de los marinos. Algunos asisten antes a la ceremonia religiosa del Día de la Virgen”.
Llegada ya la fecha principal, los portuenses, que llaman cariñosamente, a esta imagen como “la Virgen de secano” entonan ante la patrona poco antes de organizarse la procesión la Salve Marinera, al mismo tiempo que contemplan, devotos, el rostro espléndido de la escultura dirigiendo repetidamente hacia ella sus brazos como muestra del cariño y respeto que les merece.
Existe, aún hoy, la creencia de que los realejeros colocan bajo las andas piezas de metal que aumentan el peso, para que el movimiento con la imagen no sea tan brusco. Haya cierto o no en el pasado, es éste el motivo por el cual uno de los del Puerto examina, de forma discreta, el interior de la mesa del trono, bajo las cuelgas de damasco.
Junto a los cargadores, sus familiares más cercanos acompañan a la imagen por las calles de San Agustín. En torno a todos ellos surge una sucesión de muestras de afecto, gritos y vivas de exaltación a la Virgen. Dentro de esa atmósfera, mezcla de devoción y alegría, no ha de faltar la petición piadosa dicha con peculiar estilo, en parte serio y en parte humorístico, que es característico en el hombre isleño.
Es evidente que, en la Octava, los marinos portuenses quieren, de alguna manera, sentir y hacer sentir a los demás que la imagen realejera del Carmen, al menos ese día, es más suya. Los habitantes de Los Realejos han aceptado siempre, con mayor o menor grado de aprobación, estas muestras de fervor que son el ofrecimiento de los hijos del Puerto a su Madre. Al fin y al cabo, tras los fuegos, ella habrá de volver, inequívocamente, a su casa en el Santuario que lleva su nombre en el núcleo realejero de San Agustín.







