En la noche de este pasado jueves (14 de mayo), en el programa ‘No Corras Que Es Peor’, en CANAL 4 TENERIFE, saltó una información que está salpicando nuevamente a la política en el sur de Tenerife, concretamente en Arona.
Cuando la política entra en un clima de enfrentamiento, presión y opacidad… empiezan a aparecer comportamientos absolutamente intolerables. Y atención porque la tensión política y social en Arona parece haber cruzado líneas absolutamente intolerables.
Tras la polémica por la compra del local para la comisaría y las acusaciones de opacidad, ahora aparecen unas imágenes muy delicadas donde se observa una presunta agresión protagonizada por personas que acompañaban al concejal Luis Sierra. Las imágenes muestran escenas de enorme tensión con una joven menor de edad, empujones, golpes y momentos que muchos consideran absolutamente impropios de personas vinculadas al ámbito político e institucional.
¿Qué ejemplo se está trasladando cuando adultos vinculados al ámbito político terminan enfrentándose físicamente con jóvenes en plena calle? Las imágenes transmiten una sensación de superioridad y de tensión absolutamente impropia. Todo esto ocurre además en un contexto de enorme tensión política por la polémica operación inmobiliaria que se investiga públicamente en Arona.
Preguntas que se pusieron sobre la mesa de debate en ‘NCQP’:
¿Se está degradando peligrosamente el clima político? ¿Hay personas que creen estar por encima de ciertos límites? ¿Cómo puede terminar una discusión política en una agresión física? ¿Qué responsabilidad tiene quien lidera un grupo cuando su entorno actúa violentamente? ¿Se está normalizando la intimidación en política? La política no puede convertirse en un espacio donde quien discrepa termina intimidado o agredido. Cuando el debate político abandona las ideas y entra en la confrontación física, toda la sociedad pierde.
Las imágenes son muy duras porque reflejan algo más profundo: pérdida de límites. La discrepancia política jamás puede terminar en escenas de intimidación o violencia en la calle. Porque cuando eso ocurre, el problema deja de ser político y pasa a ser democrático. ¿Dónde están los límites de la confrontación pública?







