El ‘Mascarita Ponte Tacón’ vuelve a triunfar en risas y caídas en las calles portuenses
Decenas de miles de personas tienen una cita fijada cada viernes previo al fin de semana de piñata. Miles de personas y también cientos de mascaritas, 450 superando el récord de 2020, que se pusieron sus mejores galas, incluidas por supuesto esos tacones y plataformas de escándalo, hasta de 25 centímetros, para disfrutar y hacer disfrutar de una noche épica de risas y caídas en los escasos 600 metros que unen la plaza de los Reyes Católicos y la plaza del Charco.
Una carrera que es más que una competición, porque es más bien un encuentro donde el Carnaval se entiende como esa expresión de transgresión y diversión que es única, en un ambiente sano lleno de humor y también de orgullo de unos participantes que viven la fiesta desde el primer minuto hasta el último.
Ya desde cuando caía el sol en el entorno de San Telmo se palpaba la emoción de esta nueva edición, que contó en el papel de Madrina de Honor con Álex Mercurio.
Es un reconocido artista multidisciplinar, influencer y emprendedor tinerfeño, que cuenta con más de treinta mil seguidores en su cuenta de Instagram.
Junto a la tradicional y eterna Lupita daban el banderazo de salida a esa medición que pone los motores de los tacones a calentar.
8 centímetros es el mínimo, para una prueba en la que no hay máximos en esas calzas que lucían todas las mascaritas.
La oportunidad de saberse los reyes de la noche la tuvieron todos y cada uno de los participantes que ya sea en individual o en grupo participaron de una carrera, que también deviene en caminata o desfile para los más presumidos, un sinfín de fantasías a cual más provocadora que exalta la sensación genuina de estar en un Carnaval que valora está tradición y que cuenta con el amplio respaldo de un público que jalea, aplaude y ríe sin parar durante todo el recorrido y sus más de dos horas de duración.
La victoria fue lo de menos, porque el triunfo de esta carrera sin par en el mundo, aunque sí con muchas copias, es la espontaneidad y el amor que siente una ciudad por sus tradiciones. Poco a poco forman parte de la identidad de una ciudad que la vive y la siente por los cuatro costados. Una fiesta que se extendió hasta altas horas gracias a los ritmos que se estilaban a esa hora desde la Plaza del Charco, con la Maquinaria, o desde la calle Perdomo, con Renzzo.