La Villa de Adeje ha vuelto a convertirse este Viernes Santo (3 de abril) en un gran escenario al aire libre con la escenificación de La Pasión de Cristo, uno de los actos más multitudinarios, emotivos y singulares de la Semana Santa en Canarias.
Un “Jerusalén” en pleno sur de Tenerife
Desde primeras horas de la mañana, el casco histórico se transformó por completo. La jornada arrancó con la tradicional procesión previa —el traslado del Nazareno del Perdón— que sirve como prólogo simbólico antes de que dé comienzo la gran representación en la calle Grande.
A partir del mediodía, Adeje dejó de ser un municipio turístico para convertirse en una recreación viva de la Jerusalén del siglo I. Más de 300 vecinos y vecinas, convertidos en actores amateurs, figurantes y equipo técnico, dieron vida a soldados romanos, sacerdotes del Sanedrín, discípulos y pueblo hebreo, en una puesta en escena coral que ya es seña de identidad del municipio.
El público —vecinos, visitantes y turistas— se distribuyó a lo largo del recorrido, ocupando plazas, balcones y calles, en una experiencia inmersiva donde la acción no se limita a un único escenario, sino que avanza por distintos puntos del casco.
Desarrollo de la escenificación: del júbilo a la tragedia
La representación, estructurada en múltiples escenas encadenadas, recreó los principales episodios de los Evangelios:
- Entrada triunfal en Jerusalén, con el pueblo recibiendo a Jesús entre vítores.
- La Última Cena, uno de los momentos más cuidados este año por su renovación estética y dramática.
- Oración en el Huerto de los Olivos, intensificada con una coreografía simbólica que representa la lucha entre el bien y el mal.
- Juicio ante el Sanedrín y comparecencias ante Pilato y Herodes, con gran carga teatral.
- Vía Crucis por las calles, donde el sufrimiento se traslada físicamente al espacio urbano.
- Crucifixión en la plaza, clímax de la representación.
- Descendimiento y entierro, que cierran el relato con solemnidad.
Cada escena se enlazó con transiciones dinámicas que combinan teatro, música, efectos sonoros y movimiento escénico, logrando una narrativa continua que mantiene la atención del espectador durante todo el recorrido.
Novedades escénicas en 2026
La edición de este año ha introducido cambios significativos que han reforzado el impacto visual y emocional del espectáculo:
- Nueva concepción de la Última Cena, con mayor carga estética.
- Incorporación de coreografías, especialmente en el entorno de Pilato y en el Huerto de los Olivos.
- Vestuario renovado y mejoras en el atrezzo, aumentando el realismo.
- Nuevas escenas dramáticas que profundizan en personajes como Pedro o en encuentros clave del relato.
Estas innovaciones no rompen con la tradición, sino que la actualizan, manteniendo el equilibrio entre fidelidad religiosa y lenguaje escénico contemporáneo.
Participación ciudadana: el alma de la Pasión
Uno de los rasgos más destacados es que no se trata de un espectáculo profesional al uso, sino de una creación colectiva del pueblo de Adeje.
Vecinos de todas las edades participan como actores, costureros, técnicos, maquilladores o figurantes, lo que convierte la representación en un proyecto comunitario con más de tres décadas de historia, iniciado en los años 90 y consolidado como referente cultural del archipiélago.
Esa implicación se percibe en cada detalle: desde los gestos interpretativos hasta la ambientación de las calles, que reproducen la vida cotidiana de la época bíblica.
Un acto central de la Semana Santa canaria
La Pasión de Adeje no es solo un evento local. Se ha convertido en uno de los actos más importantes de la Semana Santa en Canarias, con repercusión mediática regional y nacional, retransmisiones en directo y una notable afluencia de público.
Su combinación de teatro, religiosidad popular y participación masiva la sitúa como una de las representaciones más completas de España en su género.
Cierre solemne de la jornada
Tras la escenificación principal, la jornada continúa con los actos litúrgicos y procesionales propios del Viernes Santo, culminando con el Santo Entierro y la Procesión del Silencio, que aportan el tono recogido y espiritual que contrasta con la intensidad teatral vivida horas antes.







