El museo TEA Tenerife Espacio de las Artes inaugura mañana (martes 6), a las 19:00 horas, la exposición José Aguiar. El orden frente a lo nuevo, dedicada al pintor José Aguiar (Santa Clara, Cuba, 1895–Madrid, 1976). Coincidiendo con el 50 aniversario del fallecimiento del artista, la muestra analiza la figura de una de las personalidades más destacadas de la pintura canaria del siglo XX y que fue clave en la construcción de una determinada imagen del Archipiélago.


José Aguiar. El orden frente a lo nuevo aborda las tensiones que atraviesan la trayectoria del artista —entre tradición y renovación, academicismo e innovación, experiencia personal e identidad colectiva— para examinar qué papel desempeñaron el arte, las instituciones y el contexto político de su época. La exposición reúne un casi un centenar de piezas: más de cincuenta obras procedentes de préstamos, una veintena de creaciones pertenecientes a la Colección de TEA, dos producciones específicas de la cineasta Macu Machín y el artista Fernando Sánchez Castillo encargadas para la exposición.
Aunque el núcleo principal de esta nueva muestra lo componen pinturas de Aguiar, la exhibición también incluye a autores como Pedro de Guezala, Carlos Chevilly y Álvaro Fariña; que estuvieron próximos al artista gomero; planos del Palacio insular y la Basílica de Candelaria firmados por José Enrique Marrero Regalado, con quien colaboró habitualmente.

Asimismo, la propuesta suma obras de creadores como Willi Baumeister, Joaquín Torres García, Óscar Domínguez, Hans Tombrock, Norah Borges, Servando del Pilar, Luis Ortiz Rosales, y Eduardo Westerdahl, representando las corrientes que defendía el proyecto de vanguardia Gaceta de arte con quien Aguiar polemizó en los años 30. A estas se añaden obras de los artistas del grupo El Paso, Martín Chrino, Luis Feito, Juana Francés, y Manolo Millares, una generación más joven y contra la que parece dirigir su discurso de entrada en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando por su abandono de la figuración.
Entre los prestadores de la muestra figuran instituciones como la Diputación Foral de Bizkaia, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, el Círculo de Bellas Artes de Madrid, MUBEA Gran Canaria Museo de Bellas Artes, el Gabinete Literario de Gran Canaria, Loro Parque S.A., el Real Casino de Santa Cruz de Tenerife, el Gobierno de Canarias, LM Arte Colección, el Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, el Colegio Oficial de Arquitectos de Tenerife, La Gomera y El Hierro, el Cabildo Insular de Tenerife, el Estudio Benítez, Filmoteca Canaria y diversas colecciones particulares de Tenerife.
La obra de Aguiar se desenvolvió en diálogo y tensión con las transformaciones de la pintura europea. Su conocido enfrentamiento con Eduardo Westerdahl y el entorno de la revista Gaceta de Arte lo situó de lleno en el debate entre tradición y vanguardia. Aunque incorporó algunos recursos de la modernidad, el creador mantuvo siempre una defensa firme de la figuración y de la representación tradicional.
Vinculado a Falange Española desde 1934, participó durante la Guerra Civil en la construcción de la imagen del nuevo poder y, en la posguerra, recibió numerosos encargos oficiales. Sus grandes composiciones figurativas, alegóricas y monumentales encajaron en los programas artísticos de la dictadura. Sin embargo, su trayectoria vital y artística estuvo marcada por la complejidad: su pertenencia a la masonería —iniciada en 1930 y abandonada antes de la contienda— derivó en un proceso en su contra ante el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo.
La pintura mural cobró un protagonismo central en su producción, si bien la monumentalidad ya estaba presente antes de 1936. Desde Friso isleño (1934) hasta los emblemáticos murales del Palacio del Cabildo Insular de Tenerife y de la Basílica de Candelaria, sus grandes creaciones articularon elementos que unían representaciones del trabajo, el paisaje, el mar, la religión y las tradiciones para conformar una noción singular de la identidad canaria.









