Que nadie se confunda. En CANAL 4 TENERIFE no hemos venido a blanquear a Víctor de Aldama. Ha reconocido delitos, ha sido condenado y tendrá que asumir las consecuencias de sus actos. Ese debate está cerrado. Pero existe otro debate que algunos pretenden evitar: gracias a su colaboración con la Justicia se están conociendo hechos, documentos, conversaciones y relaciones que, de otra manera, probablemente jamás habrían salido a la luz. Y eso también es un hecho.
La legislación española contempla beneficios para quien colabora eficazmente con la Justicia porque el interés general está por encima del silencio. No se premia el delito; se premia ayudar a descubrir otros delitos o a identificar a sus responsables. Esa diferencia conviene recordarla a quienes intentan reducir todo este asunto a una simple operación de descrédito contra quien decidió hablar.
Lo verdaderamente preocupante no es ya Aldama. Lo verdaderamente preocupante es que, conforme avanzan las investigaciones, el círculo político que durante años rodeó a José Luis Ábalos y a Koldo García aparece una y otra vez vinculado a nuevos episodios bajo investigación. Y en ese entorno político nadie puede negar la estrecha relación institucional y personal que mantuvo Ángel Víctor Torres con ambos dirigentes. Las fotografías, los encuentros, los viajes y las reuniones forman parte de la historia política reciente de este país.
Tampoco pueden olvidarse los mensajes de WhatsApp conocidos durante la investigación, cuyo contenido ya analizamos ampliamente en NCQP. Conversaciones en las que el tono, el lenguaje y las formas reflejan una manera de entender el ejercicio del poder impropia de quienes estaban llamados a servir al interés público. Si ese era el lenguaje que utilizaban cuando creían que nadie les escuchaba, cada ciudadano es libre de sacar sus propias conclusiones.
La Justicia decidirá quién responde penalmente y quién no. Esa no es la función de un medio de comunicación. Pero sí lo es recordar que la responsabilidad política no empieza cuando se dicta una sentencia firme. Empieza mucho antes: cuando uno decide con quién se rodea, a quién abre las puertas de las instituciones y qué modelo de gestión acepta como normal. Porque, como demuestra este caso, las compañías también tienen consecuencias.







