El próximo miércoles 20 de marzo concluirá el invierno astronómico, una estación que en el Archipiélago ha estado marcada por ser la más cálida desde 1961 y la escasez de precipitaciones, llegando a ser extremadamente seco y una constante presencia de polvo en suspensión.

Según la Agencia Española de Meteorología (AEMET), en Canarias, en su informe sobre el invierno meteorológico, que dio comienzo el 1 de diciembre y se alargó al 29 de febrero, de esos 90 días, solo hubo 12 sin el influjo del polvo sahariano en suspensión en la atmósfera de las Islas. “El 85% de los días de meses de diciembre, enero y febrero hubo calima”, una situación que el delegado de la Aemet en Canarias, David Suárez, calificó de “inusitadamente extraña en las islas y en estos meses”.

Variable y con picos más intensos
Los expertos de la Aemet en el Observatorio de Izaña, que llevan 20 años de estudio de este fenómeno, ya alertaron de que atmósfera está cambiando, que hay una desestacionalización, el polvo sahariano llegará también con más intrusiones en invierno y en primavera, con un empeoramiento de la calidad del aire. Se está constatando un aumento de estos episodios e intentando averiguar qué puede explicarlo.
Suárez señaló que debido a la situación de sequía prolongada en el norte de África, que hace que la humedad del suelo “sea más baja y que el polvo esté más disponible”, unida a vientos intensos capaces de levantar esas partículas, y el anticiclón de las Azores desplazado más al este de lo habitual, arrojan una explicación de los episodios de calima en los inviernos de Canarias de los últimos años. “Desde 2020 se nota un incremento en la actividad del polvo en suspensión hacia el Archipiélago”.
Cambio climático
Destacó “los cambios de uso del suelo que se van produciendo; el descenso de la humedad relativa del suelo en la región fuente (Sahara), el descenso de las precipitaciones, y después también nos queda ver qué patrones sinópticos dominarán cada trimestre o cada estación”.





El delegado de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en Canarias, David Suárez, indicó a Efe que desde la década de los 80 se ha apreciado un descenso en la cantidad de calima, pero existe una “gran variabilidad” que hace que aparezcan esos picos más intensos.




