



En el acto inaugural, el rector de la Universidad de La Laguna, Francisco García, recordó que él mismo acudió como alumno de último año de Economía a la primera edición de la Universidad de Verano de Adeje en 1992, y treinta y un años después vuelve como rector. Se refirió así a la vigencia de este programa docente y cultural, el más longevo de Canarias en su género, la cual atribuyó a la capacidad de adaptación de esta oferta, que ha ido cambiando para adaptarse a las necesidades del público sin perder su razón de ser: formación sobre asuntos de relevancia social con rigurosidad académica, pero tono divulgativo.


Recordando el lema de esta edición, el alcalde puso a la propia Universidad de Verano de Adeje como un ejemplo de superación y esfuerzo, pues en treinta años ha tenido que sobreponerse a unos inicios en los que mucha gente dudaba de la oportunidad de su celebración, hasta convertirse en la oferta consolidada actual. Además, recordó que la creación de estos cursos estivales multiplicó la matriculación de jóvenes de Adeje en la universidad, en unos tiempos en los que la abundancia de trabajo en el turismo no lo hacían atractivo. “Es importante que sigamos avanzando en este camino, porque tenemos perspectivas de crecimiento”.
Cultura de la superación
Faustino Afonso comenzó su ponencia exponiendo que la sociedad del presente tiene poca tolerancia al fracaso. La tasa de suicidios en los países desarrollados ha aumentado y, en general, hay poca tolerancia hacia adversidades como una ruptura sentimental, un despido, un accidente o la muerte de un ser querido. En su opinión, la causa podría residir en la cultura de la inmediatez de las redes sociales: “Solo vemos el resultado, pero no el proceso por el que se ha pasado para llegar ahí. Claramente, eso hay que cambiarlo. Nos cuesta decir lo que vemos cuando es negativo, porque queremos que todo sea perfecto y bonito e ideal”.
Como persona con una discapacidad desde pequeño, él ha tenido que enfrentarse a pronósticos negativos durante toda su vida, y ello ha sido un acicate para trabajar con el objetivo de superarlos. Por ello, se planteó si no deberían ser las personas con problemas las que, precisamente, fueran dignas de admiración.

En ese punto, presentó a varias personas integrantes de Atletas sin Fronteras, personas que han tenido que superar grandes dificultades derivadas de sus discapacidades, hasta lograr con mucho esfuerzo alcanzar sus objetivos. “¿Hay que sentir pena o admiración por esas personas?”, planteó Afonso. “Realmente, esto va de salvarlos a ustedes”, interpeló al público, “porque ellos y ellas ya están salvados. Son personas que han superado su discapacidad y son el ejemplo de que todos ustedes pueden vivir una vida plena. Porque una vida plena es la que nos pone obstáculos y podemos superarlos”.
Por ello, para que el mundo cambie, el ponente abogó por que se ponga a las personas con discapacidad como ejemplo en un mundo que ha perdido la fuerza de voluntad, porque se trata de un colectivo que ha tenido que vivir de manera forzada algo de lo que el resto reniega: los obstáculos. “Gracias a ellos somos personas competentes y toleramos las dificultades”. Así, como cierre citó al filósofo estoico Epícteto: “La cojera es un impedimento para la pierna, no para la voluntad”. A lo que Afonso añadió. “Y es un impulso para la vida”.












