Miren bien estas imágenes. Este es el reflejo de la cruda realidad que el Grupo de Gobierno de Santa Lucía prefiere barrer debajo de la alfombra. Hablamos de un señor mayor, un vecino de 66 años, jubilado tras toda una vida cotizada y trabajando, que hoy se ve abocado a dormir al raso, en un banco. Ocurre justo en el callejón que da a la entrada del CAE (el Centro de Atención Especializada del Servicio Canario de Salud en Vecindario) y en el lateral del tanatorio. Con su vida entera recogida en una mochila como almohada y una manta para pasar el frío de la noche. Un hombre digno, limpio, que no pide lujos; solo un techo donde no sentir el miedo a no despertar.

Pero claro, para este Ayuntamiento la dignidad tiene sesgo ideológico.
Este señor ha llamado a la puerta de Servicios Sociales hasta en dos ocasiones. ¿La respuesta? Que están saturados, que no hay recursos y que se vaya a pedir auxilio al Gobierno de Canarias. La patada hacia adelante de siempre. Lavarse las manos como Poncio Pilato. Para este vecino de a pie, para nuestros compatriotas, jamás hay plazas ni soluciones inmediatas. Sin embargo, para lo que a ellos les interesa políticamente, ahí no escatiman en recursos ni en presupuesto. Ahí la solidaridad florece de la noche a la mañana.
¿Qué clase de hipocresía es esta? Nos venden el discurso barato del «bien común» y de «ayudar al prójimo», pero ¿a qué prójimo se refieren exactamente, Sr. Alcalde? A la vista está: solo al que les conviene, al que encaja en su agenda de adoctrinamiento o al que les asegura un puñado de votos.
Si te atreves a señalar esta desfachatez, la maquinaria del cinismo se pone en marcha al segundo: te encasquetan la ristra habitual de etiquetas —que si racista, que si xenofobo, que si insolidario, que si facha—. Es el comodín perfecto para no dar la cara ni asumir que están fallando estrepitosamente a la gente del municipio. Cuando hay conflictos a miles de kilómetros o causas mediáticas que les dan minutos de televisión, abren la boca a bombo y platillo. Pero cuando el problema está en la acera de enfrente de un centro de salud, o cuando toca arrimar el hombro con nuestros compatriotas —como ha pasado con el silencio sepulcral ante la situación de Ceuta—, se esconden. Miran para otro lado porque ahí los relatos no les rentan en las encuestas.
Es una vergüenza absoluta. El alcalde tránsfuga Francisco García y su socio de gobierno, el concejal de Servicios Sociales Saúl Goyés (PSOE), han demostrado una demagogia insostenible. Tienen la concejalía vendida como el bastión de la empatía, pero la realidad los retrata solos: son unos incapaces y unos hipócritas.
No podemos seguir callados mientras nuestros mayores terminan tirados en la calle por la negligencia de un gobierno municipal al que solo le importa perpetuarse en el sillón. Santa Lucía no se merece esta desatención ni esta falta de humanidad.
Exigimos soluciones reales y techo para este señor ¡YA! Basta de excusas, basta de palabrería y pónganse a trabajar por quien verdaderamente lo necesita.
NOTA (*): nos han hecho llegar a las redes de CANAL 4 TENERIFE esta carta. Habla de la triste situación que le está tocando vivir a un vecino grancanario de 66 años de edad. Duerme cada noche en un callejón que da a la entrada del CAE (el Centro de Atención Especializada del Servicio Canario de Salud, en Vecindario).









