
Decenas de miles de personas tienen una cita fijada cada viernes previo al fin de semana de piñata. Miles de personas y también cientos de mascaritas, 450 superando el récord de 2020, que se pusieron sus mejores galas, incluidas por supuesto esos tacones y plataformas de escándalo, hasta de 25 centímetros, para disfrutar y hacer disfrutar de una noche épica de risas y caídas en los escasos 600 metros que unen la plaza de los Reyes Católicos y la plaza del Charco.
Una carrera que es más que una competición, porque es más bien un encuentro donde el Carnaval se entiende como esa expresión de transgresión y diversión que es única, en un ambiente sano lleno de humor y también de orgullo de unos participantes que viven la fiesta desde el primer minuto hasta el último.




La oportunidad de saberse los reyes de la noche la tuvieron todos y cada uno de los participantes que ya sea en individual o en grupo participaron de una carrera, que también deviene en caminata o desfile para los más presumidos, un sinfín de fantasías a cual más provocadora que exalta la sensación genuina de estar en un Carnaval que valora está tradición y que cuenta con el amplio respaldo de un público que jalea, aplaude y ríe sin parar durante todo el recorrido y sus más de dos horas de duración.

NOTA: las imágenes pertenecen a Roberto Martín.














