España volvió a tocar el cielo del fútbol dieciséis años después. En el New York New Jersey Stadium, la selección de Luis de la Fuente conquistó su segunda Copa del Mundo al imponerse por 1-0 a Argentina en una final intensa, táctica y dramática, decidida en la prórroga gracias a un gol de Ferran Torres. Fue un duelo marcado por el orden defensivo, la inspiración de los porteros y la resistencia de una Argentina que terminó con diez futbolistas.
Desde el pitido inicial quedó claro que el encuentro enfrentaba dos maneras distintas de entender el juego. España monopolizó la posesión con Rodri y Fabián Ruiz como directores de orquesta, mientras Argentina esperaba su oportunidad para lanzar a Messi y Lautaro Martínez al contragolpe.
La Roja encontró pronto espacios por las bandas. Lamine Yamal volvió a ser un quebradero de cabeza para la defensa albiceleste, desbordando una y otra vez y obligando a Emiliano Martínez a intervenir con varias paradas de enorme mérito. El guardameta argentino sostuvo a los campeones del mundo durante toda la primera mitad, frustrando también un potente disparo de Nico Williams.
Argentina, por su parte, apenas logró acercarse con peligro a la portería defendida por Unai Simón. El conjunto de Lionel Scaloni mostró su habitual carácter competitivo, pero sufrió para superar la presión alta española y apenas consiguió enlazar varias posesiones largas.
El descanso llegó con empate sin goles, reflejo de una batalla táctica donde España proponía y Argentina resistía.
En la segunda parte el dominio español se hizo todavía más evidente. Rodri manejó los tiempos del partido y España acumuló ocasiones. Incluso llegó a celebrar un gol que fue posteriormente anulado por una infracción previa, aumentando la sensación de que el premio estaba cerca pero se resistía.
Mientras tanto, Emiliano Martínez continuaba firmando una actuación extraordinaria. Cada intervención alimentaba la esperanza argentina, que encontraba en su portero el mejor argumento para seguir con vida.
Los minutos finales de los noventa fueron especialmente tensos. La presión española encerró definitivamente a Argentina en su campo y el partido dio un giro cuando Enzo Fernández vio la segunda tarjeta amarilla en el tiempo añadido, dejando a la Albiceleste con diez futbolistas para afrontar la prórroga.
Con superioridad numérica, España incrementó el ritmo en el tiempo extra. El balón circulaba de lado a lado buscando el hueco definitivo mientras Argentina defendía cada metro con un enorme sacrificio.
La resistencia terminó en el minuto 106. Tras una nueva acción ofensiva española, Ferran Torres apareció en el momento decisivo para enviar el balón al fondo de la red y desatar la euforia de miles de aficionados españoles presentes en las gradas. Era el 1-0 que premiaba la insistencia de una selección que había sido superior durante prácticamente todo el encuentro.
Los últimos minutos fueron un ejercicio de oficio. España administró la ventaja con inteligencia, monopolizando la posesión para impedir cualquier reacción desesperada de una Argentina agotada física y mentalmente. El pitido final confirmó la conquista del segundo Mundial de la historia del fútbol español.
La imagen del final resumió el relevo generacional que simbolizó esta Copa del Mundo. Lionel Messi, en el que probablemente fue su último gran torneo internacional, felicitó deportivamente a los jugadores españoles mientras Lamine Yamal, la nueva estrella del fútbol mundial, celebraba el título junto a sus compañeros.
España culminó así un campeonato sobresaliente, eliminando sucesivamente a Austria, Portugal, Bélgica, Francia y Argentina para levantar una Copa del Mundo que confirma a la generación dirigida por Luis de la Fuente como una de las mejores de la historia del fútbol español.
NOTA: la imagen pertenece a Alex Pantling.








