

El evento supuso una ocasión inmejorable para ahondar en la práctica de este deporte autóctono que cuenta con una larga tradición en las islas, especialmente en aquellas, como El Hierro, con una orografía más abrupta.
El salto del pastor surgió de la necesidad de los pastores de moverse en terrenos escarpados. Gracias al uso de un palo largo con punta metálica (llamado garrote, lanza, regatón o lata dependiendo de la isla), fueron desarrollando una portentosa habilidad para moverse entre distintos niveles, a través de una ejecución que consiste en clavar la punta en una zona inferior y deslizarse con un salto hacia ella con gran precisión.
Esta práctica, que ha ido evolucionando con el paso del tiempo, se ha transformado a día de hoy en una modalidad deportiva de carácter autóctono que cuenta con una treintena de clubes repartidos por todo el archipiélago.









