Güímar volvió a vivir este martes 8 de septiembre uno de los momentos más esperados de sus fiestas: la Subida de Nuestra Señora de El Socorro desde el histórico caserío costero hasta la parroquia de San Pedro Apóstol. Una jornada en la que la tradición, la religiosidad popular, la música y el sentimiento de todo un pueblo volvieron a caminar juntos por el Camino del Socorro.
Después de una intensa jornada de Bajada, de la noche de las candelas y de la tradicional dormida a los pies de la Virgen, el caserío de El Socorro amaneció el martes con la mirada puesta en el regreso de la imagen a Güímar. Era el día de la Natividad de la Virgen María y, al mismo tiempo, el día en el que comenzaba el camino inverso: el que separa la costa del casco histórico de Güímar.
La mañana estuvo marcada por los actos religiosos en torno a la ermita. A las 9:00 horas se celebró la misa de la mañana y, a las 11:00, tuvo lugar la Misa Mayor, presidida por Juan Antonio Guedes Suárez, vicario general de la Diócesis Nivariense. Tras la celebración eucarística, la imagen salió en procesión por el caserío acompañada por los Guanches del Socorro, la Danza de las Cintas de San Pedro Arriba, la Banda de Música de la Asociación Cultural Patronato Amigos del Arte, el Coro Miguel Castillo, representantes del clero y autoridades.
Fue una mañana para despedirse de la Virgen antes de emprender el camino de regreso. El entorno de la ermita volvió a convertirse en punto de encuentro de vecinos, peregrinos y visitantes, muchos de ellos todavía con el recuerdo de la Bajada del día anterior, cuando miles de personas acompañaron a la imagen por el tradicional Camino del Socorro.
La despedida del caserío
A las cinco de la tarde llegó uno de los momentos fundamentales de la jornada: la misa de retorno, presidida por el párroco de San Pedro Apóstol, Domingo Miguel González Ruiz, y cantada por la Agrupación Folclórica Virgen de la Peña. Concluida la celebración, comenzaba oficialmente el regreso de Nuestra Señora de El Socorro hacia el casco de Güímar.
La despedida del caserío volvió a estar cargada de emoción. La Virgen abandonaba el lugar donde había permanecido durante la jornada anterior y donde miles de devotos habían acudido a venerarla. Por delante quedaban los kilómetros del Camino del Socorro y las distintas paradas y recibimientos que jalonan históricamente el recorrido.
El regreso no fue únicamente un desplazamiento de la imagen. Fue, una vez más, una auténtica manifestación de identidad güimarera. Vecinos y visitantes fueron ocupando progresivamente el camino, acompañando a la Virgen en un trayecto en el que cada lugar tiene su propio significado y cada parada forma parte de un ritual transmitido de generación en generación.
Almendras, pares y nones y el camino hacia La Tahona
A medida que avanzaba la tarde, la Subida fue adquiriendo su carácter más popular. En la calle Cantautor Pedro Guerra se celebró el tradicional reparto de almendras y el juego de pares o nones, acompañado de la actuación de Güicho Estévez.
La música, las conversaciones, los saludos entre vecinos y el sonido de los voladores fueron acompañando el avance de la comitiva. La subida se convertía así en una mezcla de religiosidad y celebración popular, una característica que ha permitido que esta tradición permanezca viva a lo largo del tiempo.
Uno de los momentos más singulares llegó en torno a las 19:30 horas, cuando la imagen realizó el descanso previsto en el entorno del Pabellón de La Tahona. Allí se procedió a limpiar el rostro de Nuestra Señora de El Socorro antes de continuar el recorrido hacia el casco de Güímar.
Fue también un momento de pausa dentro de una jornada larga y exigente, tanto para quienes portaban la imagen como para los numerosos fieles que la acompañaban.
La Asomada: el relevo de los Guanches
La Subida continuó camino de La Asomada, uno de los puntos más esperados del recorrido.
En torno a las ocho de la tarde se produjo allí otro de los momentos tradicionales de la jornada: la entrega de la imagen de Nuestra Señora de El Socorro a la Asociación Cultural Guanches de El Socorro, por parte de la Mayordomía y de los peregrinos.
La llegada a La Asomada estuvo acompañada por la tradicional lluvia de voladores, poniendo sonido y emoción a un instante especialmente simbólico. La Virgen dejaba atrás definitivamente el entorno costero y avanzaba hacia el núcleo urbano de Güímar.
A partir de ese momento, el camino se convirtió en una sucesión de muestras de respeto, aplausos, música y devoción. La imagen avanzaba lentamente mientras aumentaba la expectación ante su llegada al casco.
Las Tanquillas y la Danza de las Cintas
El siguiente gran punto del recorrido fue Las Tanquillas, donde, alrededor de las 20:30 horas, la Virgen fue recibida por la Danza de las Cintas de San Pedro Arriba.
La tradición y el folclore volvieron a convertirse en protagonistas. El colorido de la danza, la música y la presencia de los vecinos aportaron un ambiente especialmente emotivo a un recorrido que, a esas alturas, ya llevaba varias horas de camino.
La Subida avanzaba lentamente hacia su destino final. Cada paso acercaba a la Virgen a la parroquia de San Pedro, pero también aumentaba la emoción entre quienes habían decidido acompañarla durante todo el trayecto.
El recibimiento en El Calvario
Uno de los momentos más esperados se produjo en la Capilla de El Calvario, donde la imagen fue recibida por la Parroquia de San Pedro Apóstol, la Corporación Municipal y la Banda de Música de la Asociación Cultural Patronato Amigos del Arte.
El Calvario volvía a convertirse así en una de las grandes puertas de entrada de la Virgen al pueblo. Allí se concentraron numerosos vecinos para recibirla y acompañarla en el último tramo de su recorrido.
La música volvió a marcar el paso de la procesión mientras la Virgen avanzaba hacia el centro de Güímar. El cansancio acumulado después de una jornada intensa quedaba relegado ante la emoción de estar viviendo un momento que forma parte inseparable de la historia y de las tradiciones del municipio.
Medianoche: la Virgen vuelve a San Pedro
Y así, después de horas de camino, paradas, música, tradición y muestras de devoción, Nuestra Señora de El Socorro alcanzó finalmente la Iglesia de San Pedro Apóstol alrededor de la medianoche del martes 8 de septiembre.
La llegada puso el punto final a una jornada que había comenzado muchas horas antes en el caserío costero y que había recorrido nuevamente el histórico Camino del Socorro.
La entrada de la Virgen en el templo fue el colofón de una Subida marcada por la emoción y por la participación de los güimareros. La imagen regresaba a su parroquia después de permanecer durante estos días junto al mar, cerrando así el tradicional ciclo de la Bajada y la Subida.
Tras la llegada, la Plaza de San Pedro continuó siendo escenario de celebración, con el baile programado para las 23:00 horas con la Orquesta Revelación, prolongando el ambiente festivo de una noche que ya había dejado atrás el recorrido religioso.
Una tradición que vuelve a unir a Güímar
La Subida de la Virgen del Socorro volvió a demostrar que no se trata únicamente de un acto religioso. Es también memoria, patrimonio, folclore, cultura popular y sentimiento colectivo.
Durante horas, el Camino del Socorro volvió a ser un espacio compartido por generaciones. Mayores que han vivido esta tradición durante décadas, jóvenes que toman el relevo, familias enteras, peregrinos y visitantes caminaron juntos detrás de una imagen que representa uno de los símbolos más arraigados de Güímar.
La celebración mantiene además una profunda vinculación con la historia de Canarias. La fiesta del Socorro está considerada una de las romerías más antiguas del Archipiélago y recuerda, a través de la tradicional Ceremonia de los Guanches, la tradición vinculada a la aparición de la Virgen en Chimisay.
Y si la Bajada representa el encuentro de la Virgen con el mar y con el histórico lugar de Chimisay, la Subida simboliza el regreso a casa. Un regreso que este 8 de septiembre volvió a estar acompañado por miles de miradas, cantos, música, voladores, danzas y, sobre todo, por la emoción de un pueblo que cada año vuelve a encontrarse en torno a su Virgen.
Güímar cerró así dos jornadas de intensa celebración con la imagen de Nuestra Señora de El Socorro nuevamente en San Pedro. El Camino del Socorro volvió a ser testigo de una tradición centenaria que continúa viva y que, año tras año, consigue convertir la devoción en una experiencia colectiva difícil de explicar y aún más difícil de olvidar.









