León XIV ha criticado este jueves (11 de junio) a Europa en materia migratoria porque “no se puede hablar de dignidad y dejar que los mares sean cementerios”.
También ha criticado a toda la comunidad internacional porque «no basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido”, según ha dicho en su discurso este jueves en el puerto de Arguineguín (Gran Canaria).
En este enclave, punto de llegada de migrantes en las rutas desde África, el papa ha dirigido su indignación a todas las partes y ha dicho que el drama migratorio “debe convertirse en examen de conciencia”.
“No basta”
En una durísima alocución, el papa ha esperado que la voz de los dramáticos testimonios que este jueves hablaron en el puerto llegue “a quienes tienen en sus manos responsabilidades decisivas”.
“No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae sólo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?”.
A Europa le ha reprochado que “no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”.
Ha exhortado a las naciones de origen a crear “condiciones de paz, justicia y desarrollo” y a los países de tránsito les ha llamado “a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales”.
Y ha lanzado un llamamiento a toda la comunidad internacional para que se active “una cooperación eficaz y perseverante”.
Pero también ha enviado un mensaje a la Iglesia, a la que ha subrayado que “la acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios”. “No podemos pasar de largo ante los cayucos y las pateras”, ha resaltado.
La indignación de León XIV han resonado a solo 24 horas de que entre en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo, que consagra el principio de retención en frontera y permite a los estados liberarse de acoger la cuota de refugiados que les corresponde para ayudar a los países receptores si abonan 20.000 euros por persona.
El pontífice también ha subrayado que “la dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra”.
Aunque ha puntualizado que “si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños”.
“No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera”, ha clamado desde el muelle.
El papa se ha despedido con una advertencia: “Aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros”.
“La Iglesia no puede permanecer muda”
León XIV ha añadido que “la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados” en el mar durante su discurso.
Desde Arguineguin, que en 2020 fue llamado el “puerto de la vergüenza” después de que se hacinaran en ese lugar más de 2.300 migrantes durante días, el papa ha preguntado “si hemos sabido reconocer a Cristo en quienes desembarcan marcados por el miedo, el hambre y la violencia, después del desierto, de la noche y del mar”.
El papa ha explicado que lleva en su dedo el anillo del Pescador, que recuerda las palabras de Jesús a Pedro “de ser pescador de hombres”. “Pero aquí y en lugares como El Hierro, ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa”, ha constatado.
“Aquí hay personas recuperadas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas. Por eso, el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles. La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana”, ha destacado.
El papa ha asegurado que “la fe no se queda paralizada ante el poder del mar” pues los católicos creen “en un Dios que somete el caos, pone límite al mal y abre un camino cuando parece imponerse la muerte”.
Ha condenado que a los “monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido”.
NOTA: las imágenes pertenecen a la Agencia Efe (Ángel Medina G.).









